El núcleo del coaching
Apuntes desde un enfoque personalista
Regino Navarro Ribera
El coaching es una relación entre personas. Por eso preguntas como quién es el hombre, cómo alcanza la realización propia, cómo aprende y se desarrolla, por qué trabajar, qué sentido tiene el amor y el sufrimiento, etc., son cuestiones que siempre estarán presentes. Es decir, siempre habrá, implícita o explícitamente, conceptos filosóficos, especialmente antropológicos y éticos, que sustentan las diversas competencias del coach y la relación con el coachee. En este artículo se presenta un modelo de coaching visto desde la filosofía personalista, y acudiendo a psicólogos relacionados con la misma, como Carl Roger y Víctor Frankl.
La corriente filosófica que llamamos personalismo afirma que “La persona en un ser digno en sí mismo, pero necesita darse a los demás para lograr su perfección; es un ser dinámico y activo, capaz de transformar el mundo y de alcanzar la verdad; es espiritual y corporal, poseedor de una libertad que le permite auto determinarse y decidir en parte no sólo su futuro, sino su modo de ser; está enraizado en el mundo de la afectividad y es portador y está destinado a un fin trascendente” (Juan Manuel Burgos).
1.La persona humana posee una dignidad única, es la realidad central del universo.
La persona es un fin en sí misma, lo demás son medios. Todo lo que no son personas, adquiere su relevancia cuando está al servicio de éstas. La dignidad de la persona humana radica en que es un ser único e irrepetible, capaz de conocerse, poseerse, entrar en diálogo y darse a otras personas.
La grandeza de la persona humana no viene dada por lo que hace o por lo que tiene, sino por lo que es. En este sentido, todos los seres humanos tienen la misma dignidad, el mismo valor, y merecen el mismo respeto por parte de todos.
La conciencia de su dignidad es el elemento central de su auto concepto y por tanto de su autoestima, y le proporciona una gran fuerza interior para su propio desarrollo y para lograr los objetivos que quiere conseguir.
Las experiencias vitales pueden haber construido un concepto de uno mismo basado en limitaciones, fracasos, debilidades, etc., que no dejan ver otras realidades positivas. El coachee deberá ir descubriendo esa otra realidad profunda, vislumbrar potencialidades, aprender a verse de otra manera…En esos momentos va entrando en contacto con lo mejor de si mismo, y su corazón se llena de esperanza.
El proceso de coaching puede ser el escenario dónde el coachee capte esta grandeza interior, donde aprenda a encontrarse a sí mismo.
2. La persona es una realidad abierta a los demás, es comunicabilidad, relación, que implica diálogo como medio de perfeccionamiento.
La conversación y el diálogo enriquecen al ser humano. El diálogo es el encuentro sinérgico de dos “logos”. Mediante procesos de escucha activa, empática, y de una expresión asertiva, se produce un diálogo que sobrepasa las posibilidades individuales de cada individuo. Este proceso dialógico es esencial a la persona humana. La sinergia que produce este encuentro entre dos personas multiplica la realidad individual y permite el desarrollo de las potencialidades.
El lenguaje cobra, en este escenario, una importancia nuclear por ser el vehículo que conforma la relación interpersonal. A través del lenguaje la realidad del YO y del TU se intercomunican y se enriquecen.
El lenguaje procede del pensamiento, pero también incide a su vez sobre el mundo de las ideas, convirtiéndose en un programador mental. De ahí la necesidad de emplear una expresión verbal optimista, inspiradora, retadora, constructiva, flexible…siempre positiva.
El proceso de coaching, en cuanto tiene de diálogo y encuentro entre coach y coachee, y en la medida que sea un proceso constructivo, podrá ser un modelo para transferir esa misma realidad a otras situaciones de la vida.
Si el coachee alcanza a ver el valor de las relaciones interpersonales con sentido, si decide construir relaciones significativas con otras personas, y aportar lo mejor de sí en esas relaciones, encontrará un gran medio de realización personal.
La relación coach-coachee va a servir de modelo para otras relaciones. En la medida que este último auto aprende a escuchar de verdad y a hablar con libertad de espíritu, estará en capacidad de aplicar este mismo aprendizaje a otras relaciones, enriqueciendo su vida y la de los demás.
3. La persona posee una libertad que le permite decidir en buena parte no sólo su futuro, sino también su modo de ser.
La libertad no radica en la ausencia de límites o imposiciones, sino en la capacidad de tomar decisiones que permitan alcanzar el fin previsto. La persona humana posee siempre y en cualquier situación, lo que Víctor Frankl llama la “última de las libertades”, que consiste en la capacidad de asumir la actitud que se quiera ante cualquier situación de la vida.
Aunque hubiera un límite impuesto, no querido, el ser humano podría, como decíamos, hacer uso de la posibilidad de elegir la respuesta que quiera ante esta situación.
Por otra parte, los factores genéticos, educativos, familiares y sociales en general no son determinantes para la persona, aunque sí condicionan, desde luego, su comportamiento. El ser humano posee la libertad de elegir actuar en contra de sus instintos, costumbres, apetencias, influjos sociales, etc.
Cuando una persona adquiere conciencia de esta realidad y la ejercita adquiere el dominio de sí mismo, se posee a sí mismo, es capaz de manejar la vida incluso por encima de la propia forma de ser o de cualquier condicionamiento externo.
Un coach que vive esta libertad interior podrá ser un estímulo para que el coachee tome el control de su propia vida con sus decisiones personales, y sea capaz de vivir esta libertad de elegir las actitudes más convenientes.
4. La persona humana está en capacidad de descubrir la realidad de sí mismo y de las cosas.
La persona humana alcanza la verdad cuando la razón capta la esencia de personas y de las cosas, cuando su mente está alineada con la realidad. Entonces se produce una certeza que proporciona seguridad, estabilidad, y está en condiciones de proponerse cosas reales.
La mente humana es poderosa, pero tiene también muchas limitaciones, que le pueden llevar a no ver las cosas como son. Por eso una persona madura se ocupa de desarrollar las potencialidades del intelecto humano, busca el contraste de sus percepciones y opiniones con otras personas, investiga los principios de la sabiduría universal. Posee la capacidad de escuchar y pedir consejo.
Los paradigmas son estructuras mentales que hacen ver la realidad de determinada manera e influyen en la percepción de las personas y de las cosas. Sin embargo la persona humana tiene la capacidad de pensar sobre su pensamiento, de repensar sus ideas, de validad o no sus opiniones, etc., y por lo tanto de ir acercándose a “lo que las cosas son” En este sentido se dice que puede desaprender y volver a aprender, construyendo nuevos comportamientos desde un nuevo nivel de pensamiento. Se necesita mucha humildad intelectual para hacer este proceso con seriedad.
La persona sabia busca en lo hondo de su corazón la verdad sobre sí mismo, es profunda, rigurosa, no se conforma con estereotipos y lugares comunes. Le huye a la ligereza en el pensar y en el hablar. Un proceso de coaching es un buen escenario para llevar a cabo este acercamiento a la realidad.
Al estar ahí, en la realidad, se suele producir la paradoja de la persona posee un pensamiento flexible, que huye de la cerrazón, de la terquedad. No se fía demasiado de su propio criterio y sabe pedir consejo, acercarse a personas que van por delante en este proceso. En un proceso de coaching las verdades parciales que el coachee va alcanzando son tremendamente liberadoras.
5. Para conocerse y relacionarse de modo significativo, la persona necesita interioridad.
Una persona posee interioridad cuando supera la superficialidad, la frivolidad en el pensar y en el hablar, y por el contrario se esfuerza por enriquecer el núcleo más profundo de sí mismo. El ritmo de vida actual produce una vorágine que dificulta la concentración, la pausa, el rigor… Por otra parte la inmediatez de las redes sociales, los auriculares permanentes como forma de estar con uno mismo, y demás factores de la tecnología, pueden llegar a dificultar el desarrollo del mundo interior.
Una persona sin contenido en su cabeza y en su corazón tiene poco para comunicar, poco para dar. Se enriquece la interioridad cuando se piensan los acontecimientos de la vida, se reflexiona sobre los grandes interrogantes existenciales. ¿Quién soy? ¿Qué sentido tiene mi vida?, son preguntas que interpelan y que encuentran respuestas en el diálogo con otras personas y con la sabiduría universal.
¿Por qué en un proceso de coaching las preguntas del coach son tan importantes? Porque en las respuestas, que anidan en uno mismo sin ser consciente, están las soluciones a tantas inquietudes interiores. Pero el coachee no encontrará esas respuestas si no tiene una interioridad desarrollada. Por eso hay que enriquecerla. El coach tiene las preguntas, y el cochee las soluciones.
Para este proceso, el silencio es un arma poderosa. También para dialogar, pues permite escuchar al otro, y entenderlo.
6. La plena realización de la persona sólo se consigue mediante relaciones interpersonales que contribuyan al enriquecimiento de otros.
Nadie se realiza como persona por saber mucho, sino por servir, por ser útil, contribuir, aportar. Cuando el ser humano está centrado en sí mismo, la vida se le complica, se llena de problemas, y pequeñas tragedias llenan el día a día.
Si la persona humana vive las relaciones como dominación o manipulación en beneficio propio, obtiene como resultado distancia y lejanía por parte de los demás. El servicio a otras personas o a causas nobles, en cambio, dignifica y contribuye a realizar a la persona puesto que incide directamente en su naturaleza amorosa.
Los talentos de cada persona son para los demás. El aislamiento o la indiferencia empequeñecen las posibilidades de enriquecerse con los demás. Importa mucho identificar los talentos que se tienen, que son dones recibidos para ponerlos al servicio de los demás. Si se descubren los talentos naturales pero no se usan en una misión de servicio, la realización humana queda truncada.
Suele ocurrir que el coachee, al mirarse en profundidad, alcanza a ver que su vida estuvo hasta ese momento centrada en sí mismo, que no tuvo un interés real por aportar algo a alguien o a algo. Y comienza sentir la necesidad de imprimir su huella en personas o en situaciones, y se siente retado interiormente a contribuir. Es un cambio de perspectiva que proporciona ilusión, motivación, reto.
7. La persona es más persona cuando convierte los valores en virtudes, en hábitos operativos buenos.
Los valores no son una simple valoración mental sobre una realidad, lo que parece importante, sino una realidad que hace mejor a quien la posee. Los valores no son conceptos abstractos, sino cualidades de las personas. Los valores perfeccionan a la persona, y ésta a su vez desarrolla los valores, los enriquece. Los valores dejan de ser un concepto para convertirse en un hábito de vida, que llamamos virtud. La persona humana se perfecciona a sí misma adquiriendo y desarrollando virtudes.
Los ámbitos principales para desarrollar los valores son la familia y el trabajo, pues en ellos es donde las relaciones interpersonales son más intensas, estables y significativas. También en el sufrimiento, inherente al ser humano, los valores juegan un papel principal.
Los valores proporcionan en los ámbitos principales de la vida –familia, trabajo, sufrimiento-, alternativas de sentido, es decir, razones y motivos, para sobrellevar, avanzar, soportar, hacer las cosas bien, etc.
¿Conoce el coachee sus valores más centrales? ¿Sabe sacarle partido a sus convicciones más profundas? ¿En qué virtudes debe apalancar su crecimiento?
La transformación que experimenta un cochee comienza en su propia mente, en su manera de ver la realidad, especialmente en la manera de verse a sí mismo. Pero sólo concluye cuando esa nueva mentalidad se plasma en nuevos hábitos de vida. No es suficiente con “ver la vida de otra manera”, es preciso “vivir de otra manera”.
8. La madurez personal se construye mediante el crecimiento armónico y constante de todas las dimensiones de la personalidad.
La personalidad muestra a la persona. En todas las culturas, especialmente en la antigua Grecia, ya era de manifiesto la variadas dimensiones de la personalidad, que no riñe con la realidad de ser un individuo único.
La persona se puede mirar desde varias perspectivas. En ese sentido se habla de dimensiones de la personalidad. Así, posee una dimensión corporal, a través de la cual se relaciona y le permite manifestarse. Las habilidades de pensamiento constituye la dimensión mental, con las que el ser humano investiga la realidad. La dimensión emocional le permite obtener provecho de las emociones y los sentimientos, así como construir encuentros con otras personas. Y por la dimensión espiritual es capaz de trascender lo puramente material, encontrar un sentido para todo lo que hace y relacionarse con Dios.
Cuando estas dimensiones están entrelazadas y cooperan unas con otras al servicio de la realización personal, la persona conquista poco a poco la madurez.
Si el coachee es capaz de entrever y superar los reduccionismos unidimensionales, y trabajar en este sentido, tendrá como recompensa una plenitud llena de confianza en uno mismo.
También este elemento es clave en la búsqueda de la felicidad, que es, se puede decir así, la resultante sinérgica de la cooperación creativa de las diversas dimensiones de la personalidad.
9. Las fortalezas personales, construidas sobre los talentos naturales, están en la base de la realización de los logros personales.
El ser humano recibe al nacer muchos dones, talentos, que contienen en potencia una realidad determinada. Desarrollar este potencial de los talentos es misión de cada ser humano. El proceso de descubrir y aplicar los talentos es una aventura apasionante.
El primer reto de la persona, es identificar estos talentos, especialmente aquel o aquellos que predominan. Después someterlos a un proceso de aprendizaje y desarrollo. Por último, aplicarlos a la vida. Así, vividos en el día a día, serán la base de un desempeño exitoso de la persona.
Desperdiciar talentos es un atentado contra la persona, la familia y la sociedad. A partir de ellos se lleva a cabo la contribución personal al mundo circundante, y simultáneamente se produce el propio crecimiento. Cada persona tiene talentos distintos, pero en todos recae la misma obligación de desarrollarlos en servicio de los demás, pues son dones recibidos.
El coachee emprende un viaje, uno de cuyos resultados será identificar y potenciar sus talentos, y encontrar la manera de contribuir con ellos al bien de la sociedad.
10. Encontrar un sentido para la vida proporciona seguridad y felicidad.
El ser humano puede vivir con privaciones de todo tipo, pero no puede dejar de tener un sentido para su vida, aunque este significado no esté muy racionalizado ni expresado verbalmente con claridad. Especialmente en los momentos límites de la vida es donde se hace más crítica esta necesidad: ante la muerte, ante los momentos de crisis personal o familiar, cara al sufrimiento, a los trabajos especialmente duros, etc. Sin embargo, no hay que esperar estos sucesos para plantearse y encontrar estas razones que justifican el vivir.
Cuando la persona tiene claro qué quiere en la vida, cuáles son las cosas realmente importantes en su vida, qué sentido tiene su existencia, entonces está motivada, posee esperanza y es muy consciente que vale la pena superar cualquier dificultad.
Aquí el diálogo coach–coachee adquiere una relevancia suma. El coachee, a partir del diálogo con el coach, se planteará suavemente, casi sin darse cuenta, el porqué de los sucesos grandes y pequeños de su propia vida. Irá encontrando en su interior y en los grandes principios de la sabiduría universal, respuestas que satisfagan las inquietudes que todo ser humano posee. Y ahí adquirirá sentimientos de seguridad y grandeza.

